miércoles, 15 de junio de 2011

Cuando criticar ciertos aspectos del 15M te convierte en una mala persona


Si hay un acontecimiento porque el recordaremos el 2011, al menos su primer semestre, será por el conocido como “Movimiento 15M”.

Este movimiento, llamado así por comenzar con una manifestación el 15 de Mayo y resolverse en diversas acampadas en las principales plazas españolas (la Puerta del Sol, Plaça Catalunya, Plaça del Ajuntament de Valencia,…), reclama, después de un mes de comisiones y asambleas, los siguientes puntos:

1/ Reforma electoral encaminada a una democracia más representativa y de proporcionalidad real y con el objetivo adicional de desarrollar mecanismos efectivos de participación ciudadana.

2/ Lucha contra la corrupción mediante normas orientadas a una total transparencia política.

3/ Separación efectiva de los poderes públicos.

4/ Creación de mecanismos de control ciudadano para la exigencia efectiva de responsabilidad política

Desde luego cualquier movimiento que sirva para cambiar la sociedad a mejor, sobre todo si lo encabezan los jóvenes, es bienvenido. Ahora bien, hay que tener en cuenta la composición de los mismos. Muchos, muchísimos de los jóvenes de los que se han unido al 15M, a la #spanishrevolution, eran jóvenes a los que poco o nada les interesaba la política, la acción colectiva o la economía, jóvenes que no leían un periódico o no veían un informativo de televisión… Lógicamente no suponen una mayoría, pero sí dan cuenta de la heterogeneidad e intangibilidad del movimiento. Muchos jóvenes se han unido por pura pose, por pura moda, porque está de moda ser revolucionario. Muchos de ellos no sabrían decir quién es el Ministro del Interior o en qué se basa la LOREG. No estoy pidiendo unas élites intelectuales que encabecen un movimiento y que sean las únicas legitimadas para hacerlo, porque eso es marxismo-leninismo, pero sí coherencia.

Una de las reivindicaciones es la de una democracia más real. En este debate hay quien se pierde entre volver a la Boulé ateniense, donde 6.000 ciudadanos debatían sobre el futuro de su ciudad-estado, y en terminar con el poder estatal. Ellos mismo rechazan la organización de los partidos políticos, pero tienen más comisiones (incluidas algunas como espiritualidad, que me parece que desvirtúan el movimiento totalmente) que cualquiera de ellos.

El llamado “voto por consenso”, algo que me parece un poco absurdo ya que cualquiera que esté en contra del propio movimiento puede sentarse y reventarlo, a lo que ha llevado es a una petición de mínimos que no se concreta y que a largo plazo resultará difícil que sea captado por los partidos por la propia falta de concreción.

Y algo que sin duda ha sido la puntilla han sido los hechos de Valencia, Madrid y hoy mismo, Barcelona. El impedimento de entrada al diputado regional a Les Corts fue respondido por la Policía con excesiva violencia, pero el propio hecho ha echado por tierra uno de los principales argumentos del movimiento: el pacifismo. Lo mismo ocurrió el sábado en Madrid, donde Policía Nacional y municipal levantaron del suelo a los manifestantes para que los coches de los concejales pudieran salir. El revuelo en las redes sociales en este caso concreto me pareció exagerado ya que la intervención policial no se pareció en nada, afortunadamente, a la de los Mossos, y se magnificó igual, mientras lo que no se contaba eran los objetos lanzados contra los coches. Y lo acontecido hoy en Barcelona, donde se ha rociado con spray a dos diputados del Parlament, responde al mismo patrón deslegitimador.

Ahora mismo el movimiento está en los barrios, algo que celebro y me parece más razonable. Pero lo que en mi opinión debería haberse hecho es, desde un primer momento, el revitalizar lo que, especialmente durante los ’80, fue el altavoz de los ciudadanos al nivel más local, como son las asociaciones de vecinos o las Juntas de Distrito en las ciudades de mayor tamaño. Estas instituciones fueron una realidad, pero la transición hacia una sociedad cada vez más individualizada ha hecho que esos propios jóvenes no optaran por utilizar esos propios mecanismos que ya existen y que probaron su efectividad. Ahí es donde se nota que muchos de ellos están por moda.

Y en cuanto al “no nos representan”, muchos de ellos olvidan que el 22 de Mayo, en unas elecciones locales, las terceras en las que menos se vota después de Generales y Autonómicas, se superó el 60% de participación, por lo que una amplia mayoría de la población española sigue creyendo en el sistema, por lo que las actuaciones ante los parlamentos siguen constituyendo un atentado contra los representantes legítimos de la mayoría del pueblo español.

Concluyo por tanto resumiendo: más concreción, línea pacifista y uso de las instituciones de participación ciudadana.

jueves, 19 de mayo de 2011

La campaña acampados



Si algo sabíamos todos es que la campaña electoral de 2011 iba a estar marcada por el creciente descontento hacia la clase política y por la crisis… pero lo que casi nadie imaginaba era que el ejemplo de la juventud griega, italiana, francesa o británica iba a calar por fin en la juventud española en un momento clave como es la última semana de campaña electoral.

El ya conocido como Movimiento 15M, ha aunado reivindicaciones de todas clases, desde la reforma de la Ley Orgánica de Régimen Electoral General (LOREG) hasta la proclama por una vivienda digna… La precarísima situación de la juventud española, que ronda el 45% de paro, ha sido uno de los principales detonantes.

Ahora bien, teniendo en cuenta que una de las principales críticas va para los dos principales partidos, PP y PSOE, debemos reflexionar sus militantes sobre ello:

La crispante situación provocada por la crisis económica ha llevado en estos últimos tres años a que el Congreso y el Senado se conviertan en corrales en los que se espera a ver quién es el gallito más fuerte, si Gürtel o los ERE en Andalucía… El propio Presidente del Senado, Javier Rojo, cuando ha intervenido para calmar esas trifulcas, ha sentenciado “Pero ¿no se dan ustedes cuenta de la imagen que estamos dando a los ciudadanos? ¿No les da vergüenza?”.

El propio discurso durante la campaña se ha visto en la mayoría de los casos empañados de esta podredumbre de la oratoria. Mientras el tardo-franquista Jaime Mayor Oreja insiste en que existe una conspiración internacional de socialistas y terroristas de ETA, José Blanco, Ministro de Fomento y Vicesecretario General del PSOE, basa su discurso única y exclusivamente en Camps y Aguirre…

Sí, para los que dicen que soy un “incondicional del PSOE”, reconozco que mi partido no lo está haciendo bien, que ha caído en el mismo juego que el PP, y que los ciudadanos sólo se quedan con nuestras críticas hacia los populares y no con nuestras propuestas sociales como la de crear un banco regional público en la Comunidad de Madrid.

Soy el primero que se opone a que haya imputados en las listas de mi Partido, pero también soy el primero que digo que no todos son iguales. Los que me conocen bien saben que cito mucho a dos modelos que me tocan en cierto modo. Uno es el que defiendo de primera mano, el de la candidatura de Tomás Gómez para la Comunidad de Madrid, y otro el de José María Barreda en Castilla-La Mancha.

En el caso de Tomás, su perfil es el de una persona socialdemócrata convencida y practicante. Nacido en Holanda de padres trabajadores españoles, vivió y estudió en un municipio obrero como es Parla, del que fue alcalde con el 79% de los votos. Su discurso ha tenido matices de crítica al Gobierno de Esperanza Aguirre muy duras, pero el grueso de su discurso ha estado centrado en la explicación de su programa electoral, centrado en lo público y lo social para una comunidad en la que están desapareciendo a pasos agigantados.

En Castilla-La Mancha, Barreda se ha defendido de los constantes ataque es de alguien como Mª Dolores Cospedal (sí, ese “de” no figura en su DNI) con una gestión socialista de más de 30 años, en la que se han construido más colegios en los últimos 10 años que en 200 años, los libros de texto son gratuitos y la Sanidad ocupa el tercer puesto del total de España en calidad. Esto, junto a la ausencia total también de imputados en sus listas, hace que sea un referente muy importante.

De este modo, terminaré con dos reflexiones:

La primera es que el cúmulo de reivindicaciones de tan distinta índole en el Movimiento 15M es un factor negativo en el sentido de que al final corre más riesgo de diluirse (cosa que espero que no ocurra) que si fuera una línea más unificada temáticamente. Así mismo, algunas de las propuestas son incongruentes objetivamente hablando, como borrar del mapa al Senado, ya que en un estado descentralizado como el nuestro una cámara territorial es indispensable, lo que sí debería hacerse es reformarlo, pero no borrarlo; y otras como las que apoya IU, el cambio en la LOREG, algo que cuando IU tenía 20 escaños no solicitaba con tanta fuerza… además, recuerdo que en 1º de CC. Políticas hicimos un simulador de 1 ciudadano= 1voto, y partidos como IU tendrían aún menos representación, con lo que se desmontaría esta teoría…

La segunda es que estos movimientos no surgen porque sí, y los partidos mayoritarios deberíamos hacer una seria reflexión sobre cómo hemos llegado a este punto y darnos cuenta de que la política es un servicio para y por el ciudadano, que su voto no es un cheque en blanco y detrás de cada uno de esos votos hay una persona, una familia, y una esperanza por ver cumplido todo lo que prometemos.

Expuesto esto, y ejemplificando con el enfrentamiento que se daba en el bando republicano en la Guerra Civil, el de “hacer primero la revolución y así ganar la guerra” de los anarquistas y el “lo principal es ganar la guerra, luego haremos la revolución” de los socialistas y comunistas, diré que lo primero, al menos en Madrid, es frenar a la derecha, y después, haremos la “revolución”.

#notodossoniguales

martes, 22 de febrero de 2011

El cáncer no entiende de clases, la sanidad sí

Llevaba casi tres meses sin publicar nada, y creo que una noticia como la de ayer puede ser un buen tema para volver a hacerlo.

En la mañana de ayer lunes, entre tanto documental y ecos de conmemoración de los 30 años de la “victoria democrática” del 23-F, conocimos la noticia de que la actual Presidenta del Partido Popular de la Comunidad de Madrid y Presidenta del Ejecutivo en esta comunidad, Esperanza Aguirre, padece cáncer de mama.

Para cualquier persona con un mínimo de sensibilidad, tanto de izquierdas como de derechas, la noticia no es para nada agradable y menos aún, aprovechable para hacer campaña, tanto desde un lado como de otro. Una enfermedad como el cáncer siempre promueve mucho respeto en nuestra sociedad, si bien es verdad que afortunadamente la ciencia ha avanzado mucho en la cura de este tipo de cáncer concretamente, pero sobre todo si quien la padece es una personalidad tan relevante en la política española y sobre todo si estamos a tan sólo 2 meses y medio de los comicios autonómicos y municipales.

Al poco tiempo de saberse la enfermedad de la Presidenta madrileña, se comunicó que “la Presidenta escogería la sanidad pública para tratarse”. Enseguida muchos medios, sobre todo la televisión autonómica “pública” Telemadrid, al servicio desde hace muchos años del despacho de la Puerta del Sol, corrieron a alabar esta actitud “tan noble”. Precisamente si llovieron elogios por esa actitud, es porque se esperaba que acudiera a la sanidad privada, y si nuestra percepción es esa, es porque relacionamos sanidad madrileña con sanidad pública: ¿es eso normal?

Las diferentes políticas de “capitalización” (palabro utilizado para que “privatización” no suene tan mal) de la gestión de los hospitales públicos madrileños (Hospital Universitario de Getafe, Hospital Clínico de San Carlos, Clínica de la Concepción,…) han entregado los hospitales a empresas suecas, británicas y españolas. La ciudadanía de a pié apenas conoce estos hechos, porque acuden a esos centros y sus tratamientos siguen siendo gratuitos, pero lo que no saben es que quien está al frente de ese centro es una empresa privada que actúa como cualquier empresa: máximo ahorro (el dinero se lo entrega la Comunidad para gestionar el centro) para conseguir el máximo beneficio. Ahora bien, ¿es moral ahorrar en elementos sanitarios pagados por todos los madrileños? Si yo acudo a un hospital, que utilicen todas las vendas que hagan falta para curarme, o todos los fármacos…. Para eso existe la sanidad universal gratuita en nuestro país.

Con todo esto lo que quería decir es que cuando acuda a tratarse, esperemos que la Presidenta (a la que por cierto deseo una pronta recuperación, claro está) pueda ver que por mucho que lo prometiera en las elecciones, las listas de espera para operaciones siguen superando los 31 días, que el material clínico en el Hospital Clínico (donde le corresponde tratarse por donde vive ella) no es el mismo que el que se usa en esos “super hospitales” que ella inaugura sin estar acabados aún (echad un ojo a este artículo en El País de 2008) y que han llegado a causar accidentes, como el de un trabajador a cuya familia tengo en placer de conocer al que se le vino abajo un techo de uno de esos hospitales por construirse demasiado deprisa para su inauguración antes de las elecciones de 2007. El material del Clínico podría pasar por el de un hospital de la época franquista, por no hablar de su infraestructura. Todo ello consecuencia de la política liberalizadora salvaje y del empujonazo a la población madrileña al uso de la sanidad privada. Porque como se suele decir, para ellos “siempre ha habido clases”..

lunes, 6 de diciembre de 2010

6D: Jornada de reflexión


Si hay algo que llevo notando en los últimas semanas es que ciertos sectores de mi pensamiento van tomando posturas más "radicales". En un principio pensé que el tener clase de Geografía Política con un profesor como Pablo Iglesias Turrión, uno de los fundadores del partido Izquierda Anticapitalista, o de Estructura Social de España con un emérito en temas de América Latina como es Marcos Roitman, podían ser factores decisivos de influencia.

Pero sus clases, a decir verdad, no son tanto una influencia para mi como un espacio para reflexionar. Y si hay un tema del que llevo reflexionando un tiempo es sobre la Constitución Española de 1978, de cuya aprobación hoy celebramos el 32º aniversario.

Cada vez que en los entornos políticos más mediáticos de habla de nuestra carta magna, no faltan jamás halagos, loas y toda esa parafernalia. Se aduce a que la CE es una constitución ejemplar que nació de una transición ejemplar.

Yo parto de la base de que nuestra transición democrática no fue ejemplar, ya que no se destruyó por completo el sistema franquista. Pero eso es un tema muy largo que abordaré en otra publicación. Lo que ahora viene a cuento es esa Constitución "perfecta".

La estructura y los movimientos sociales y políticos de finales de los '70 configuraban un complejo marco que se pudiera reflejar en una constitución "para todos". Y si bien en 1978 la CE no reflejó esa sociedad que pedía un cambio total, a día de hoy menos aún.

Problemas serios como que España es un estado “aconfesional”, porque por entonces era “incendiario” poner “laico”, el que no se refleje el sistema autonómico, o la inoperatividad territorial del Senado eran preocupantes por entonces. Hoy, 32 años después, insostenibles.

Tampoco soy de los que cree que una constitución republicana nos libraría hasta de la suegra solucionando todos nuestros problemas, porque no se puede ser tan ingenuo

Como expuse en el post anterior, la propia figura del Jefe del Estado en la persona de Juan Carlos I debe verse como un elemento más de la Transición, y si esa transición ya terminó, su reinado también debería haberlo hecho.

Pero el problema va mucho más allá de monarquía o república. Nuestro sistema se ha convertido en un gigante con los pies de barro que para solucionar sus propios problemas se muestra ineficaz. Países europeos como Francia o la propia Rep. Federal Alemana renuevan su constitución aproximadamente cada dos años para adaptarse a las nuevas realidades sociales, como pueden ser la entrada masiva de inmigrantes o cosas tan sencillas como el matrimonio homosexual. En España el propio sistema lo pone tan complicado que la sola mención de una reforma hace que los nostálgicos de aquella transición “modélica” se echen las manos a la cabeza.

De esta forma, nos encontramos con una España cambiante, cada vez más, y que se revuelve en una jaula constitucional demasiado estrecha para un animal tan fiero.

Reflexionen todos los que puedan antes de alabar nuestro sistema democrático y constitucional cada 6 de Diciembre, que para eso nos dan un día de fiesta, para que se convierta en una jornada de reflexión perfecta.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Si los Reyes de España supieran...

Desde hace unos meses, especialmente desde la intervención en Barcelona del Rey, se viene especulando nuevamente sobre la continuidad del régimen monárquico. Si uno se fija, los grandes cambios políticos en España se han dado en periodos difíciles económicamente hablando: durante el Crack del ’29, con la crisis del ’76,…

Nuestro precedente más cercano, la II República, es un referente digno de ser admirado. Sin duda el gran número de escuelas creadas, la amplitud de derechos,… son hechos que aún hoy se admiran. Pero quizá, a la hora de reivindicar una III República, estamos cayendo en el error de equiparar una situación como la de los años ’30 en España con la actual. Para bien o para mal, son situaciones radicalmente distintas, y el querer una república calcada de la de 1931 no es un acierto por incompatibilidad, la sociedad española la evolucionado, y la república es la expresión misma de la sociedad.

A muchas de las personas que se les recuerdan los tiempos de Azaña, Gil Robles, Largo Caballero o Lerroux se les saltan las lágrimas de la emoción, no es para menos. Pero a muchas otras les recuerda a iglesias en llamas, monjas violadas,… el Franquismo se encargó de que la República fuese recordada de ese modo tan nefasto y desdibujado.

Por tanto, hemos de darnos cuenta de que no podemos pretender que esas personas voten a favor de un hipotético SÍ a la República. No digo que se les intente engañar, ni mucho menos, sino aclarar. En primer lugar, se ha de hacer un reconocimiento expreso por parte de las instituciones a la II República como el periodo más democrático de la Historia de España, al menos hasta antes de 1978 (aunque no soy de esa opinión, pero bueno). Una vez hecho esto, lo que se debe de tratar es enfocar una III República Española como un régimen de modernidad a la altura de otras naciones europeas, hacer ver que la Monarquía, al fin y al cabo, ha sido un elemento más de la Transición.

Cualquiera sabe que la instauración de la república en 1975 hubiera significado una ruptura demasiado brusca para una mayor parte de la sociedad española. Pero hoy día es distinto. Somos un país desarrollado, que ha salido del atolladero histórico en que nos encontrábamos y que tiene un gran peso en el conjunto de la Unión Europea. Es por tanto necesario que esa modernización sea completa. El representante del Estado español debe ser alguien elegido directamente por los ciudadanos. Algunos dicen “imagínate que nos toca un Aznar de Presidente de la República”, bueno, es posible, pero a los cuatro años se le puede echar del asiento. Sería ingenuo también pensar que con la CE de 1978 se refrendó el régimen monárquico, ¿acaso había otra opción? No se dio.

Por parte de los alérgicos a la república, estos serían mis argumentos, pero por parte de los idílicos del régimen republicano, hay que darse cuenta de ciertas cosas. Los grandes problemas que afectan al conjunto de la sociedad española, como son la vivienda, el desempleo o la precariedad laboral no pueden ser solucionados de un plumazo con el advenimiento de la república, porque recordemos, que es algo que muchos olvidan, que una república puede ser de izquierdas… pero también de derechas. Ese es otro de los grandes errores que se comenten, el vincular directamente a la república con la izquierda, olvidando que partidos como la CEDA formaron parte los gobiernos republicanos. Como decía, no se puede confiar ciegamente en la República para solucionar todos los problemas, aunque puede sentar la base, claro.

Por tanto, ante la muerte de Juan Carlos I, lo que se debería abrir es un debate sobre el futuro de España, porque no nos confundamos, España no es monárquica, es juancarlista, y eso, con la muerte de Juan Carlos, termina. Por parte de partidos como el PSOE, republicano y federalista por estatutos, lo que a mi como militante me gustarñia que se afianzase, sin miedo alguno, es esa defensa de la República tan necesaria que a día de hoy únicamente reivindica de modo visible Izquierda Unida en cuanto a grupos parlamentarios se refiere.

Salud, y república.

lunes, 1 de noviembre de 2010

No es para reirse

He de decir que a pesar de las innumerables horas libres que he tenido este fin de semana tan largo, no sabía sobre qué escribir esta semana. Pero, una vez más, El País me ha inspirado. En la edición impresa de hoy domingo, figuraba a doble página una entrevista al “líder” de la oposición y Presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy.

Entre las muy esperables afirmaciones acerca de la incapacidad del Gobierno para salir de la crisis, más ahora que el “terrorífico” Alfredo Pérez Rubalcaba es el nuevo hombre fuerte del Ejecutivo, destacaban otras frases que, a mi juicio, dan pavor.

Desde hace algunas semanas, con motivo de las elecciones legislativas en Estados Unidos, los medios nos revientan los tímpanos con el conocido como Tea Party, un movimiento ultraconservador nacido en 2009 como reacción a las políticas del Presidente Obama relacionadas con el control fiscal y la sanidad universal. El movimiento, que aboga por volver a los orígenes filosófico-constitucionales americanos, está encabezado por Sarah Palin y se ha convertido en el ala más radical del Partido Republicano.

Es precisamente en este movimiento donde la derecha española ha encontrado su referente. Frente a una derecha europea más seria (aunque derecha al fin y al cabo) como la alemana o la francesa, el PP y más concretamente su “lideresa” Esperanza Aguirre, muestran una amplia sonrisa al referirse a los principios del Tea Party.

Bien es verdad que Mariano Rajoy, al igual que el alcalde de Madrid Alberto Ruiz-Gallardón, ha representado siempre el ala moderada de su partido. Por eso, su mirada se dirige hacia otro punto de referencia importante para la derecha anglosajona: el Primer Ministro británico, David Cameron.

A algunos les suena hasta simpático escuchar qué referentes tiene la derecha española., pero desde luego no es para reírse.

Si bien normalmente hablaría como defensor de las políticas del Partido Socialista, hoy hablo como un español más. Los carices que está tomando la derecha, especialmente a raíz de la crisis económica global, pasan por lo que es una completa destrucción del Estado de bienestar. A algunos les sonará muy lejano, pero David Cameron mamó de las políticas neoconservadoras radicales de Margaret Thatcher de los años '80, las cuales convirtieron al Reino Unido construido por los laboristas en el paraíso de la empresa privada surgida de los bienes públicos. Quien haya estado en Londres o en cualquier otra parte de Gran Bretaña, habrá reconocido, por ejemplo, las múltiples empresas ferroviarias que operan allí, la Southester Company, la Northern Rail Network,… o incluso el Underground londinense frente a empresas públicas monopolistas como la Renfe española o la Deutsche Bahn alemana.

Pongo estos ejemplos por ser europeos, pero si cruzáramos el charco y llegáramos a Estados Unidos, un país donde el querer la cobertura sanitaria universal gratuita conlleva tachar a su presidente de comunista, sencillamente no nos quedaría más que caer en la desesperación.

En España, este proceso comenzó durante la primera legislatura de Aznar en el Gobierno. En aquellos años, la hasta entonces conocida como Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE), empresa pública desde su fundación en 1924, pasó a llamarse sencillamente Telefónica S.A. y a ser gestionada de forma privada. Pronto los españoles comenzamos a ver como la liberalización salvaje del sector hacía subir más y más las facturas de teléfono fijo y la de la por entonces emergente telefonía móvil.

En otros ámbitos como la Sanidad, transferida a las CC.AA en los años ’90, la Comunidad de Madrid es experta en el llamado “proceso de capitalización”. Hospitales como el de Getafe, Fundación Jiménez Díaz o Clínico San Carlos tienen su gestión privatizada, lo que lleva a actuar como una empresa privada, es decir, buscando el máximo ahorro y el máximo beneficio, lo que se traduce en utilizar únicamente el material médico indispensable.

Resulta paradójico que si miramos al resto de Europa, a países como la Alemania de Merkel, podemos observar que el prestigioso legado del SPD en cuanto a Estado de bienestar y empresas públicas, apenas ha sufrido modificaciones. Es entonces cuando nos preguntamos, ¿qué le ocurre entonces a la derecha española?

Desde luego, como persona de izquierdas que me considero, ese no es mi problema, pero hay que estar muy atento, porque no es cosa de risa el pensar que si la derecha llega al poder en este país, podemos ir despidiéndonos de empresas públicas como Renfe Operadora, Adif, Correos, AENA o RTVE.

sábado, 23 de octubre de 2010

Resulta que al final Barreda tenía razón...


Como muchos españoles, el miércoles por la mañana, mientras escuchaba como cada día ¡Anda ya! antes de ir a clase, me quedé sin habla cuando conocí la noticia de que el Ejecutivo no iba a sufrir, únicamente, el cambio de caras en el Ministerio de Trabajo e Inmigración, sino en cinco ministerios más.

Los rumores de un posible cambio en el Gobierno eran muy débiles todavía, analistas y politólogos esperaban este cambio una vez estuviesen más cerca las Elecciones municipales y autonómicas del 22 de Mayo. Pero Zapatero ha utilizado el tirón de estabilidad política de los pactos con PNV y Coalición Canaria para la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para trasladar esa estabilidad a su gabinete y al Partido.

Una vez dichos los preliminares, pasaré al fondo de la cuestión analizando por separado los cambios:

Leiré Pajín, la pupila del Presidente

Muchos se sorprendieron del nombramiento de Pajín como Ministra de Sanidad, Igualdad y Política Social (desapareciendo el Mº de Igualdad), pero lo cierto, a mi modo de ver, es que era de esperar. Dado que Trinidad Jiménez se va a ocupar de Asuntos Exteriores, como ya diré más adelante, la vacante en Sanidad debía ocuparlo alguien que, a mi juicio, beneficiara a los demás dejando su puesto, en el caso de Pajín, la Secretaría de Organización del PSOE. El encargar a Pajín un ministerio con ya pocas competencias como es el de Sanidad (la mayoría de las competencias en esta materia están en las CC.AA), a mi manera de ver, forma parte de una estrategia basada en desmarcarla como cara visible del aparato del Partido colocando en su lugar a una figura de gran trayectoria política como es Marcelino Iglesias, actual Presidente de Aragón.

Trinidad Jiménez, siempre fiel

Si algo conocemos todos, especialmente tras el proceso de primarias en la Cdad. de Madrid, es que Trinidad Jiménez comenzó en política en tiempos de Felipe González, pero que su impulso definitivo se ha dado con Rodríguez Zapatero al frente del Partido y del Gobierno. Su colocación en el Mº de Asuntos Exteriores y Cooperación en sustitución del, en mi opinión, insustituible Miguel Ángel Moratinos, es para algunos el “premio” por haberse presentado como la apuesta de Zapatero en Madrid. Yo no lo veo así. Si hay alguien cercano al Sec. General con experiencia en política exterior esa es Jiménez. Su trayectoria política la ha llevado a residir en muchos países y a encargarse de la Secretaría de Estado para Iberoamérica durante algún tiempo. Bien es verdad que su profesión no es la de diplomática de carrera, como es el caso de Moratinos.

Ramón Jáuregui, de Bruselas a la Madrid

Tras encabezar junto a Juan Fernando López Aguilar la lista socialista para las Elecciones al Parlamento Europeo de 2009, el que fuera Vicelehendakari del Gobierno Vasco y Secretario General del PSE-EE, Ramón Jáuregui, ha acudido a la llamada de Zapatero para, coloquialmente hablando, poner orden en el Consejo de Ministros. Bien es verdad que ese “orden” ha costado deshacerse de uno de los pesos pesados de los gobiernos socialistas desde 2004, María Teresa Fdez. de la Vega. Las declaraciones que se han dejado entrever de Jáuregui y del propio Zapatero transmiten que la misión principal será la de marcar una única línea de comunicación que corrija errores como los de los últimos meses en los que, según palabras de la oposición, “cada ministro decía una cosa”.

Rosa Aguilar, con el puño levantado

Sí, hace año y medio conocíamos como la hasta entonces alcaldesa comunista de Córdoba, feudo de IU desde los tiempos de Anguita, Rosa Aguilar, pasaba a ocupar la Consejería de Obras Públicas y Vivienda de la Junta de Andalucía, presidida por el socialista José A. Griñán. Este cambio le costó su militancia en Izquierda Unida. Pero también hizo que su tesón y su actitud pusieran el ojo del aparato federal en ella. Y así, año y medio después de aquel día, el Pte. del Gobierno, que veía como millares de votos de personas más a la izquierda de la línea general del PSOE se iban por el retrete, la nombró Ministra de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino. La cartera que ocupaba desde 2004 Elena Espinosa (antes desdoblada por un lado en Medio Ambiente y por otro en Agricultura y Pesca), de aparente poca importancia para algunos, ha servido para poner una pieza más, la de ser un Gobierno de izquierdas, a esta coraza que el Ejecutivo se coloca para afrontar los quince meses de legislatura.

Valeriano Gómez, regreso al pacto social

Valeriano Gómez, quien ya trabajara con Jesús Caldera durante la VIII Legislatura en el antiguo Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, estuvo presente, como todos los medios se han encargado de difundir, en la manifestación del 29 de Septiembre contra la reforma laboral. Es por eso por lo que Zapatero ha llamado a Gómez a ocuparse de la cartera de Trabajo e Inmigración. No debemos olvidar que fueron los sindicatos los que primero gritaron “¡Zapatero, dimisión!”. Estando tan cerca las autonómicas y municipales, comunidades como Castilla y León o Asturias, no pueden jugársela teniendo problemas tan sonados como los de los mineros. Si Rosa Aguilar ha servido para recuperar esa pieza clave de la izquierda, Valeriano Gómez es la pieza sindical que ha acompañado al PSOE desde su fundación en 1879.

Alfredo Pérez Rubalcaba, el salvavidas socialista

El título no va con sorna, ni mucho menos. Si analizamos la trayectoria de los Gobiernos de Felipe y de Zapatero, encontraremos como puntos comunes el acudir a una figura de la talla de Alfredo Pérez Rubalcaba, valorado tanto por socialistas como por la oposición, para reflotar la imagen del Gobierno en tiempos difíciles. Los éxitos conseguidos en materia anti-terrorista en los últimos años y su intachable trayectoria, se lo han puesto fácil a Zapatero a la hora de escogerle como nuevo hombre fuerte del Ejecutivo. Rubalcaba, que ostentará, además de la Vicepresidencia Primera, la Portavocía del Gobierno, es una pieza clave, al igual que Jáuregui, a la hora de transmitir esa fuerza y confianza.

En resumen, este cambio no ha dado fuerza a Gobierno y a Partido, sino también a la militancia, que veían a un Zapatero cabizbajo y desorientado tras las reformas acometidas en los últimos meses. Y esta energía es la que necesitamos para, en 2011, cortarle el paso a la derecha del Partido Popular, que ya se ve con un pie en Presidencias autonómicas como las de Castilla-La Mancha (Cospedal), Aragón (Rudi) o Extremadura.

Y sí, como ha dicho Zapatero hoy en el Comité Federal, “viendo las caras del PP, parece que hemos acertado”